Arangoiti 25 Agosto 2001.Íñigo Arizaga

Escrito el 25th agosto 2001 por AlasDeLeyre en Cronicas, LIGA NORTE

Comentario 16ª manga Liga Norte

Por una vez, Atxega y yo llegamos tempranito a la convocatoria en el bar Iru Bide de Lumbier: hay peligro de tormentas y más vale estar en condiciones de lanzar la manga antes de que granice.

Mientras nos tragamos unos bocadillos, comento con DJ Txus la curva de estado prevista para el día. Desde que hice la rappelada no ha cambiado demasiado. Siguen sin aparecer embolsamientos de aire frío en altura, así que la escasa fuerza de las bajas presiones reinantes no debería ser suficiente para generar tormentas. Hay muy poca humedad en el aire, y el nivel de condensación estará altísimo. Seguramente ni se formen muchas nubes. Las capas bajas siguen teniendo un aspecto de estabilidad penoso, aunque la curva ha mejorado un poquillo desde el jueves.

Subimos al despegue y el viento está ideal. Puede parecer un poco fuerte para la hora que es, pero Arangoiti debe de ser el único despegue del planeta en el que muchas veces el viento baja en las horas centrales del día (yo creo que la térmica de servicio toma más fuerza y sube más vertical por delante del despegue, o yo qué sé). La manga de viento da algunos coletazos de oeste, pero no parece estar muy cruzado. Los buitres no obtienen grandes triunfos, aunque tampoco se les ve que estén bregando contra el viento. Pero hay una cosa que llama la atención: no giran nada, están como volando de ladera.

Tras un pequeño debate se plantea la prueba: una primera baliza en Ezkalarre (al final de la Sierra de Leire) para pasar luego a la vertiente norte con una baliza de trámite en Ekai y gol cerca de Pamplona (Pueblo de Sarriguren). En total 55 Km. Yo nunca he volado hacia Pamplona, así que le pido sopitas a Arrieta (el gurú de la zona, flamante campeón de España de ala delta). No está muy claro por dónde conviene echarse al norte de la Sierra de Leyre, si en la misma baliza de Ezkalarre para ir hacia el norte apoyándose en los relieves de la parte este del valle o tras volver hasta las antenas de Arangoiti tirando después por la calle del medio. Como siempre, yo dejo la decisión para última hora.

El primero en salir es Miguel de Bera. Yo ya estoy preparado, o eso creo. Tras un par de infladas compruebo que tengo mal las bandas. Estreno silla, y me he pasado la tarde del viernes colocando el acelerador, en un gran alarde de previsión por mi parte. Pero lo he colocado mal y lo tengo que cambiar antes de despegar. Para colmo, cuando levanto la vela tengo una pequeña corbata que me encabrono en abrir en el aire. Alguien me advierte: ¡cuidado con la alambrada!. Tomo en consideración el aviso, así que deposito cuidadosamente la vela justo encima de la alambrada. ¡Ya solo falta que haga un siete! Afortunadamente varias almas caritativas liberan mi vela con más cuidado del que hubiera tenido yo mismo.

Total, que para cuando despego ya han salido unos cuantos. Miguel se ha debido de largar hacia la primera baliza y por lo demás, el panorama es bastante desolador. Todo el mundo está intentando rascar algo por debajo de la altura de la cresta, lo cual no siempre es tarea fácil en Arangoiti. Yo consigo girar la térmica de servicio y subir unos metros por encima de la cresta, pero enseguida la pierdo y me veo arrastrado hacia el resto de los mortales. Juan Carlos consigue tomar un poco de altura bastante abierto hacia el valle y se marcha hacia la baliza. Algunos pilotos despegan y hacen un vuelo balístico hasta el fondo del valle, sin que se pueda achacar nada a su pericia.

Cuando la cocha empieza a estar mu malita, y ya unos cuantos pilotos han pinchado, encuentro un cero al que me agarro como a un clavo ardiendo. Le doy unas cuantas vueltas intentando centrarlo hasta que se convierte en un 0,5. Después de un millón de vueltas consigo tomar un poco de altura y poco a poco la térmica se va consolidando. Sube oblicua, derivando de oeste, pasa por los pelos por encima de la cresta y sigue derivando de suroeste por encima de la sierra, hasta dejarme con algunos metrillos de margen para la tranquilidad. Unos cuantos pilotos también se han salvado de la quema, y se lanzan directos hacia la baliza de Ezkalarre.

¡Buf! A mi me gusta correr, pero con esas condiciones prefiero asegurar, y voy girando hasta los pedos que se tiran las lagartijas. La ida a Ezkalarre es muy fácil. Hay vientillo de oeste, así que merece la pena girar incluso los ceros, porque derivan claramente hacia la baliza.

Hago la baliza en el último lugar del pelotón y comienzo a volver hacia las antenas. La verdad es que con la miserable altura que se toma en la baliza ni me acuerdo de que tengo que decidir si pasar a norte o no. Me voy directamente hacia el despegue, detrás de toda la peña.

Hay algo de viento en contra, y las térmicas son muy débiles. Al contrario que a la ida, ahora no merece la pena girar nada, porque se deriva tanto hacia atrás que para cuando vuelves al punto en el que cogiste la térmica, resulta que ya estás más bajo.

Todo el mundo va perdiendo la altura de la cresta. ¿Todo el mundo? ¡No! DJ Txus aguanta cual irreductible galo sobre la Sierra, y se va tan pichi hacia el despegue, mientras el resto de pilotos las pasamos canutas. Al perder la altura de la cresta decido arrimarme un poquillo a las paredes para tantear el percal. No sube ni una cochina térmica, pero el viento de oeste tiene la suficiente componente sur como para generar ascendencia de ladera bastante cerca de la pared. ¡Bueno, ni tan mal! Voy yendo hacia el despegue haciendo ladera en el lado de los espolones que dan a barlovento y abriéndome hacia el valle para esquivar los sotaventos. En cada sotavento pierdo bastante altura, pero la vuelvo a ganar haciendo ochos en cuanto llego al barlovento, en el más genuino estilo avispero.

Todo el mundo pincha en las termas del pantano. Bueno, lo de pinchar es un decir, por que a alguno se le oyó decir por la radio: ¡Eh! ¡Voy a hacer la baliza en un momento y enseguida me voy a las termas a darme un baño! Gracias a dios en las termas no hay un bar en el que sirvan cervezas frías, así que puedo evitar sucumbir a la tentación sin demasiado problema.

Lo de DJ Txus es la leche. El tío va haciendo ladera por encima de la cresta como si estuviera en Zarauz. Le veo marcharse desde la primera baliza hasta las antenas sin girar ni la cabeza para ver si le sigue alguien. Va como un cohete. Llega hasta el despegue bastante por delante de mí, y sigue hacia delante sin girar nada, el tío. Cuando me voy arrimado a la zona del despegue veo a los rusos que andan volando por allí. Uno de ellos tiene tanta altura que parece el Sputnik, o la Mir o algún otro artilugio ex soviético. ¡Coño, si debe de estar por encima de los 2.000 m! Eso me anima bastante. Con esa altura se puede pasar al sotavento tranquilamente.

Mientras tanto, Txus ha desaparecido bastante bajo por detrás de las antenas hace ya algún rato, así que visto lo visto, calculo que ya debe de andar por La Coruña. Yo prefiero pasar por encima de las antenas, así que viendo a los rusos, decido quedarme por la zona del despegue a trincar algo. Entre el despegue y las antenas agarro un cebollón de +5, que me lleva por encima del despegue hasta 1.800 m. Desde allí veo a DJ Txus volver hacia las antenas con bastante poca altura. No ha debido de pillar nada al otro lado.

Sobrevuelo las antenas en dirección oeste y allí un segundo cebollón, ancho, potente y poco turbulento, de los que nos gustan a todos, me lleva casi hasta 2.100 m. (bueno, mi vario es muy cutre y marca algo de menos y seguramente había algo más de techo, ya que luego el ruso me dijo que había subido hasta 2.300 y yo estaba un poco más alto).

Con ese techo esto es coser y cantar. Además, como el viento corre casi paralelo a la sierra, el sotavento tiene que ser una birria muy pegada a las laderas. Efectivamente, paso como la seda, y prácticamente sin pillar ninguna descendencia de consideración.

Ahora, a verlas venir. La siguiente baliza está hacia el norte, como a unos 15 Km. No sé si está en ese mismo valle o al otro lado de una pequeña sierra que cierra el valle por el oeste. Es igual. Todavía está muy lejos, así que ya irá cantando el GPS. Puedo ir por el centro del valle, por los relieves del este (por donde vendría de haber cruzado a norte en la baliza) o por los relieves que hay hacia peña Izaga.

Pues ¡hale!, por el centro del valle. Mientras enfilo recto, veo que Txus también se pasa a norte, con muy poca altura. Desde donde estoy no puedo precisar cuánta, pero me parece francamente poca. ¡Huy, huy, huy! No doy un duro por él.

No estoy seguro de ir a encontrar nada por el valle, así que cuando con 1.300 m encuentro un cero, me paro sin dudarlo. Me cuesta un huevo centrarlo, pero al cabo de un buen rato consigo un famélico +1. Bueno, menos da un piedra. No hay mucho viento y las térmicas derivan de suroeste, más de oeste que de sur. Después de mucho rato y cuando ya estaba pensando en la película que vi el viernes y cómo le voy a pedir un aumento al jefe, me doy cuenta que eso no tira más. Estoy a 1.800. ¡Hey, no está mal!

Txus, continuando con su política de no girar ni en las esquinas, ha pasado hacia adelante, muy por debajo de mí. Veo que hace lo que me parecen unas maniobras de aproximación cerca de un pueblo minúsculo (mira que llego a ser incauto). Nada, yo sigo a lo mío. Con los trimmers casi sueltos planeo a una media de 45 Km/h. Voy encantado, probando la silla nueva. En las transiciones me tumbo como si fuera un pro, aunque en esa postura mis pantalones de globero se hinchan como morcillones y me fastidian la pose del todo. La siguiente vez me meteré el extremo de los pantalones en los calcetines, aunque tampoco creo que eso sea lo más estético, la verdad.

Hay muy pocas térmicas, y al principio cuesta bastante centrarlas, pero pillo otras dos que me dejan también a 1.800 m. Txus sigue como una moto hacia delante, aparentemente con altura de aterrizaje. ¡Es incombustible! No solo eso, cuando estoy casi sobre la vertical de Aoiz, veo que aunque se ha quedado bastante atrás, ya no está tan bajo y ha recuperado bastante altura. ¡Así se hace Txus! ¡A por todas!

Desde Aoiz, el GPS marca 4 Km a la baliza de Ekai. Definitivamente, está en el mismo valle. Dejo a mis espaldas el mamotreto de la presa de Itoiz, paso por encima del pueblo de Ekai, la segunda baliza, y enfilo hacia Pamplona, que ya se ve al fondo del valle. Veo a Txus aterrizado en unos campos segados antes de la segunda baliza. Después de lo que le he visto navegar me sorprende un poco, y también me apena.

¡Bueno, ya solamente quedo yo! Pero estoy perdiendo la cota de los 1.000 m. y todavía no he encontrado nada que girar. ¿La iré a cagar ahora? Como a un kilómetro y medio hay un cerro aislado, y un poco más adelante un basurero torrado por el sol. Es ahí o en ningún sitio. Enfilo al cerro con esa ridícula pose de tumbado que acabo de estrenar. ¡Qué vergüenza! Mis pantalones van hinchados como mangas de aire. Paso limpiamente por encima del cerro sin sentir ni el más mínimo movimiento en la vela. ¡Qué mal rollito! Sigo hasta el basurero, no muy convencido de que vaya a llegar de planeo. 700 m de altura. Veo las bolsas de basura más cerca de lo que me gustaría.

¡La vela cabecea! ¡Un cero! Me pongo a girar, pero en tres giros no consigo que el vario pite. ¡Hombre, no jodas! Qué cerquita esta el suelo. Veo un bote vacio que dice "FABADA ASTURIANA LITORAL". Pierdo el cero y entro en descendencia. Un par de vueltas más. Ya leo la letra pequeña: "consumir perferentemente antes de…". El giro no me deja seguir leyendo. Recupero el cero, y la ascendencia parece estar más en dirección a Pamplona, pero no me atrevo a salirme directamente hacia allí, por no perder mi querido cerito otra vez. Voy derivando poco a poco los giros en esa dirección y por fin el vario pita. ¡Uf! Pero todavía no echemos las campanas al vuelo. Con el rabillo del ojo veo unos bichos la mar de raros girando unos 50 m en dirección hacia Pamplona. Efectivamente es ahí. Ahora sí que me dejo llevar y el vario se queda en un +1 tranquilizador. Al rato estoy girando a +2 entre los pájaros, que creo que son aguiluchos cenizos (los que matan en los nidos las cosechadoras) y giran mucho más ágiles que los buitres. A partir de los 1.000 metros la térmica es una delicia: ancha, +3/+4, con algún regalo de +5, y sin ninguna complicación. Me lleva hasta 2.000 m. de altura, derivando muy poco desde el basurero.

El GPS ya marca 10 Km a gol. Sin viento en contra calculo una fineza de 7 u 8, así que con una altura de más de mil metros me da para llegar de planeo por los pelos. Debería trincar algo más.

Pero hacia Pamplona la cosa se va poniendo cada vez más fácil. Enseguida pillo otra térmica que me lleva hasta 2.100 m garantizando el planeo a gol. No hace falta estirar los planeos. Por allí cada vez hay más térmicas y por primera vez en el día me las empiezo a saltar sin girar. A un par de Km del gol de Sarriguren un pepino de +5 me devuelve al techo de 2.100 m. Ya tengo Pamplona a mis pies. No conozco ningún bar en Sarriguren, así que sigo hacia Mendillorri, en donde viven los Xinorris, en donde me espera una cerveza de litro en una jarra helada. Los ojos me hacen cririvitas solo de pensarlo.

Cruzo otra térmica. +1, +1, +2, +2, +2 (es anchísima, pero ya no quiero subir), +3, +3, +3, +3. ¡Coño es enorme! Cuando pita +4 ya no puedo aguantar y me pongo a girar. La cerveza tendrá que aguantar un rato. La térmica me devuelve a los 2.100 m, con una placidez absoluta. Desde esa altura se ve todo cerquita: la Ciudadela y un poco más allá el Perdón, San Cristo casi a los pies. ¿Qué hago? Me voy por encima de Pamplona hasta la ciudadela y allí caracoleo un rato. La visión del aeropuerto es inquietante y me hace salir de allí. Vuelvo a Mendillorri con más de 1.500 m y barreno sobre la cerveza que me espera con los brazos abiertos. 

Blancas 5 Agosto 2001. Íñigo Redín

Escrito el 5th agosto 2001 por AlasDeLeyre en Cronicas, LIGA NORTE

Comentario 13ª manga Liga Norte

 El día pintaba muy bien. Las previsiones eran bastante buenas. Poco viento en altura, de oeste, perfecto, vaya.

Ya en el despegue, el día nos parecía extraño. Las nubes que a primera hora querían hacerse, no estaban por ningún sitio. No había ni una sola nube.
Se puso una prueba corta, previendo el posible norte o vientos fuertes. Sólo 29,4 km. Baliza en las antenas de Biescas (de Betés más bien) y gol directo en Larrés.

La prueba, a primera vista, era muy sencilla. Lo típico, ir a Collarada, pegarnos a la ladera de Betés y vuelta al gol. A poco techo que haya, esto está chupado…

Nadie tenía prisa por despegar. No había excesivo viento en el despegue. Y los veleros rascaban de lo lindo. Incluso estuvimos haciendo la ola a uno de ellos que pasó muy cerca del despegue (por debajo).

El primero en salir, sorprendentemente, fue Arizaga. Estaba por ahí, por la zona, sin trincar mucho. Y cuando trincaba algo, no era lo suficiente como para tirarse atrás. Luego empezaron a salir más pilotos: yo mismo, Félix, Miguel, Iñigo Egaña, etc…

Estábamos por la zona, sin mucho éxito, sin trincar nada decente. Félix, se fué más abajo de la punta Sayerri, y volvía rascando.
De repente oigo a Egaña: "Félix, ¿está bien?", miro abajo, y veo a Félix tirado en el suelo. Yo empecé a llamarle, pero no respondía. Empezaron a bajar los del despegue. Y Félix respondió: "oye, oye, que estoy jodido".

Aquí hay que agradecer la ayuda prestada por todo elmundo. Que se sepa que el rescate (en helicópetro) habría sido mucho más complicado si no hubiese estado tánta gente para ayudar.

Finalmente llegó el helicóptero y se llevó a Félix a Huesca.
No estamos muy seguros de cómo ocurrió la cosa. Una cosa sí que sabemos, si rascas, te arriesgas a algo así. Ya sabéis, de sobra, que el peligro está cuando más cerca nos encontramos del suelo. Le tocó a Félix, pero podríamos haber sido cualquiera de nosotros.

Siguiendo con la prueba, yo, tras aterrizar en el despegue y ver cómo estaba la cosa, volví a despega. Me planteé si valía la pena anular la prueba, y llegué a la conclusión de que no. Más que nada, porque lo de Félix había sido un accidente fortuíto, no achacable a las condiciones de la zona.

Trinqué a 2.800 en la zona de Blancas, y me tiré a Collarada, a la altura de Canfranc pueblo.
Ahí fué donde comenzó el festival. No sé si había algún tipo de cizalla o qué narices, pero, de repente, cuando estaba a unos 2.700 metros de altura, y navegando con normalidad (a unos 42 km/h, o sea, sin viento), entré en una térmica muy fuerte, un +7 creo que era. Intenté girarla y me escupió a freir espárragos. Seguí, y de nuevo otro pepinazo de esos. Esta vez esperé un poco a meterme dentro, y cuando estaba en ello empecé a cobrar como un idiota. La vela abajo, arriba, en todas partes. Y tras 150 metros, la cosa volvió a su sitio, aunque yo tenía las canillas chocando entre sí.
Seguí hacia Collarada, y tiré al Valle de Acumuer. Allí, junto con Chus, pillé un pepeino que nos puso a 3.000 y fuimos directamente a la baliza. No íbamos excesivamente rápido, a unos 50 km/h, pero era evidente que algo de viento sí que había. Antes de llegar a la baliza, vimos que estaba por ahí Beto, el argentino, que cuando nosotros llegábamos a la baliza, él se iba hacia el gol.

Tras hacer la baliza, había dos opciones, o seguir pegados a la pared en la que estábamos, que llevaba hasta el final del Valle de Acumuer, o ir directos hacia el gol, teniendo que entrar en el Valle de Acumuer por un lado. Escogí la segunda opción, y detrás de mí, Chus, Iñigo Egaña y el Buho, también.

Había que ir bien acelerado, pues el viento parecía totalmente en contra, y de una intensidad respetable. Veíamos a beto, cómo también andaba justo de velocidad para entrar en el valle. Yo iba en cabeza, con más de medio acelerador metido, intentando colarme en el valle, y de repente, ZAS, un buen viaje. Frontal, luego pérdida con twist… Enseguida la cosa volvió a su sitio, y seguí intentando pasar (más moral que el Osasuna en sus malos tiempos).

Cuando ví que la cosa era imposible, me dí la vuelta, y ví a los que me seguían, un poco más abajo y más atrás. Enfilé directamente al valle de Biescas, al valle de Tena. Por detrás, los tres que me seguían hicieron lo mismo, y fuimos a aterrizar a Orós alto.

Cuando estábamos en el aterrizaje comentamos que Arizaga estaría en el gol hacía unas 2 horas, seguro, riéndose de nosotros. Pero no, estaba un poco más abajo en el valle,pasándolas canutas con el ventarrón que hacía allí.

La manga la ganó Beto, que llegó al gol en solitario, seguido de Arizaga, y los cuatro que aterrizamos en Orós.
El día, a parte de lo de Félix, un poco extraño. Más viento del que se esperaba… Más tarde se empezaron a hacer unas hermosas lenticulares de norte por todas partes…

 

 

Íñigo Redín

 

Blancas 4 Agosto 2001. Íñigo Redín

Escrito el 4th agosto 2001 por AlasDeLeyre en Cronicas, LIGA NORTE

 

Comentario 12ª manga Liga Norte

Bueno, ¿por dónde empezar?.

Empezaré contando que la previsión no era muy buena para el sábado. Sin embargo, y tras el escarmiento de mangas anteriores, estaba claro desde un principio, que, como mínimo, subíamos al despegue.
El día amaneció con bastante mejor aspecto del esperado. Se hicieron las inscripciones, y, hala, "p'arriba".

Un poco tarde, pero todavía en buena hora en el despegue.
Se pudo una prueba con baliza en Gavín (cerca de Biescas) y gol en Hostal de Ipiés. En total 46,2 km. Con la idea de escapar del posible norte de la tarde.

Arizaga sale, como siempre, raudo y veloz. No se espera a trincar nada en el despegue, y directamente se tira al sotavento, por el famoso barranco bajo el despegue sur. No sabremos de él nada hasta un buen rato más tarde.

Tras él salí yo mismo. Después de estar un ratillo cerca del despegue, sin trincar nada, pero también sin pinchar, me fuí hacia el collado Sayerri. Ahí he trincado varias veces, los veleros suelen tirarse ahí como primer lugar para trincar en la zona, y, ¿por qué no me va a funcionar?.

Tras una pequeña hundida, de la que seguro se reían en el despegue, trinqué un buen pepino, que sin derivar demasiado me acercaba hacia la siguiente parte del vuelo: Collarada.
Collarada es ya un emblema en la zona, como lo puede ser el Turbón en Castejón. Lugar "obligado" de paso, para casi cualquier vuelo hacia el este, cuenta con unos apoyos enormes, ladera orientada a sur, y muchos metros hasta el suelo.

Sin embargo, este día no hacía falta acercarse a las paredes de Colarada, al menos no a mí. Fui algo más al sur, apoyándome en las nubes.
El resto de los pilotos se lo tomó con bastante tranquilidad.

No me acerqué en ingún momento a Collarada, ni a Telera. Enseguida llegué a las antenas de Biescas, y tiré a planeo hacia la baliza.

Y ya está, ahí el viento que había en contra me impidió seguir la carrera. Enseguida se reía de mí por la radio Arizaga, que había estado hundido en la miseria bajo Collarada, y tras media hora de agonía, salió del agujero. Tras él venían Félix, Atxega, Iñigo Egaña, Chus y Beto, que serían los pilotos que pasaron sobre mis narices.

Tras una dura pelea con el viento, y un buen rato después, Félix llegaba al gol, ganando la manga.
Tras él, Iñigo Arizaga besaba unos árboles a escasos 300 metros del gol. Luego quedarían Atxega, Beto, Chus e Iñigo Egaña.

 

Un día excepcional, teniendo en cuenta que no íbamos a volar (se suponía). Techos de hasta 3.200 y viento aceptable para volar, sin ser fuerte. Una manga bastante difícil, sobretodo en su tramo final.

 

 

 Íñigo Redín

Ribafrecha 1 Julio 2001. Íñigo Arizaga

Escrito el 1st julio 2001 por AlasDeLeyre en Cronicas, LIGA NORTE

 

Comentario 7ª manga Liga Norte

El domingo se pone una manga de balizas: Clavijo, detrás de la peña de San Turce, Nalda, Murillo, Ventas Blancas y gol en el aterrizaje oficial de Ribafrecha. 35 km en total.

La previsión es muy similar a la del sábado y los pilotos no tienen prisa en despegar. De hecho, la manga no se abre hasta las tres y media, y aún hay muchos pilotos que no despegan más tarde.

Yo creo recordar que despegué a eso de las cuatro y trinqué algo de altura (400 m sobre el despegue) junto con Igone, Iñigo Redín, Félix Azagra y Miguel de Bera.

En una de estas que estoy bastante alto me salgo fuera de la ladera, sobrevolando la famosa costilla para ver si hay algo, pero no encuentro nada. Cuando me vuelvo a la ladera más bajo, veo que mis cuatro compañeros se han lanzado en escuadrilla al valle para hacer la transición a San Turce, no sé si porque me han visto a mí, o por propia iniciativa. Yo tengo que volver a recuperar altura por narices. ¡Coño! ¡Se me van a escapar! Pero por lo menos, voy a tener la ventaja de ver cómo le va a cada uno de ellos, para seguir por donde más me convenga. No hay mal que por bien no venga.

Para ir a Clavijo, hay que rodear o pasar por encima la peña de San Turce, para lo cual hay dos opciones. Se va directamente hacia la peña, que queda sotaventada pero expuesta al sol y se intenta trincar para pasar al otro lado, o se pasa por encima de Ribafrecha para rodear completamente la peña y trincar en el lado de barlovento.

Iñigo Redín y Miguel optan por atacar directamente a la peña por el sotavento. Igone y Félix se bajan por la costilla a intentar trincar sobre los relieves que hay enfrente de la piscina. Yo ya he tomado algo de altura y me he abierto al valle. Me da un poco de remordimiento de conciencia, pero solamente me queda ver a quién le va mejor en la travesía para ir por allí. El panorama no es muy halagüeño. Iñigo y Miguel no pillan nada en el sotavento, aunque se les ve rascar como limacos. Finalmente intentan rodear la peña, pero ya no tienen altura. Miguel cae en la fuga e Iñigo tira la toalla y se baja para la piscina a aterrizar. Igone y Félix están más abiertos hacia Ribafrecha, girando, pero sin trincar mucho. ¡Pues vaya! Visto lo visto enfilo a la fuga de San Turce para intentar rodearla. ¡Puf! Voy todo el rato por una descendencia, y llego bajísimo al otro lado. Me pego a las piedras hasta que el vario pita una fracción de segundo. Pruebo de todo: pegarme a las rocas, abrirme un poco a buscar pompas. Nada parece servir del todo, pero poco a poco voy ganando unos pocos metros. Encima de una peña veo agitarse los arbustos. ¡Allí se suelta algo! Consigo centrar un +1 y empezar a girar. Al cabo de un rato estoy sobre la cruz girando un buen pepino y derivando hacia Clavijo.

La térmica me suelta a 1400m. Paso sin girar nada sobre la iglesia de Clavijo (baliza 1) y sigo recto hacia la sierra del otro lado, que me deberá llevar a Nalda. Supuestamente, este lado de la sierra se tiene que orientar al viento del oeste que se supone que está dominando, pero no me da esa impresión. Siento la ladera fugada y suben muy pocas térmicas. Sigo de planeo sin girar nada, porque el final de la sierra parece tener mejor aspecto. Llego hasta el otro lado con menos de 900 m y veo más adelante dos buitres girando un buen pepino muy cerca del suelo. ¡Ahí va ser! Un poco antes de llegar a los buitres encuentro un buen cebollón. Subo más rápido que los buitres, porque ellos están en un núcleo más débil, seguramente con la intención de subir a las buitreras que hay más al oeste. Mi térmica me sube por delante de las buitreras hasta 1500m. Estoy justo enfrente de la baliza de Nalda: esto es pan comido.

Planeo hasta la iglesia, la sobrevuelo muy alto, casi a 1300 m y me vuelvo enseguida a buscar mi ascensor particular. El caso es que no lo encuentro, y en lugar de ir a buscar otro, me encabrono y sigo dando vueltas esperando a que se dispare hasta que me quedo muy bajo sobre la sierra. Todavía tengo mucha altura sobre el valle, pero para salir me tengo que meter por un venturi que termina por llevarme al suelo cerca de unas canteras. ¡Qué mala leche! ¡Con el alturón que tenía sobre la segunda baliza!

Poco a poco van apareciendo algunas velas. Igone hace la baliza mucho más bajo que yo, pero se echa a la sierra más hacia el norte y se queda sobre una loma sin subir ni bajar cerca de una hora. Iñigo Gabiria hace la baliza y aterriza junto a mí. Más tarde aparecen Robert, Javi de Deba, Juan Carlos de Madrid y Luis Miguel, que hacen la baliza y caen allí mismo.

Igone, a fuerza de paciencia consigue salir del agujero. Finalmente trinca un buen pepino abriéndose un pelín al valle y vuelve al techo del día. Desde luego, por constancia, se lo merece. Veo cómo desaparece hacia la tercera baliza. ¡Adios, adios! Una vez allí, y tras haber completado 25 Km de la prueba, no podrá trincar y se verá obligada a aterrizar cuando queda lo más sencillo de la prueba. Pero nos ha dado un buen repaso al resto, haciendo más del doble de kilómetros que el segundo clasificado.

 

 

 

Íñigo Arizaga

Ribafrecha 30 Junio 2001.Íñigo Arizaga

Escrito el 30th junio 2001 por AlasDeLeyre en Cronicas, LIGA NORTE

 

Comentario 6ª manga Liga Norte

En primer lugar, habría que hacer algún comentario a la rappelada. Hay un detalle que se me escapo, por mirar los mapas previstos a todo correr. Miré los mapas previstos para el sábado y el domingo a mediodía, y en ambos aparecía un frente bastante amplio en el centro del Atlántico, y nada más. Con esto, yo interpreté que el frente permanecía estacionario y que toda la península iba a quedar fuera del rango de acción de los frentes, aunque ya me extrañó que el anticiclón de las Azores se desplazara hasta Bretaña sin que se moviera el frente.

Si hubiera puesto más atención o hubiera utilizado mapas más detallados, habría visto que en realidad durante todo el fin de semana estuvieron pasando frentes que venían del Atlántico y que prácticamente se deshacían al llegar a las costas Cantábricas. El paso de todos estos frentes deshechos fue el que trajo el viento norte y el mal tiempo a la costa durante todo el fin de semana.

¿En qué hubiera afectado esto a la previsión? Después de visto, todo el mundo es listo, pero en general, la previsión hubiera sido peor para Arangoiti y algo mejor para Ribafrecha. Me explico: con la facilidad que tiene el nortazo para entrar en Arangoiti, existían muchas posibilidades de no poder volar allí, lo cual aconsejaba mover la manga a Ribafrecha. Por otra parte, el norte no llegaría a saco hasta Ribafrecha, pero el paso de esos frentes podría añadir un poco de inestabilidad que podría contrarrestar en parte la existencia de las altas presiones y la penosa curva de estado prevista para todo el fin de semana.

Es decir, que la previsión buena habría aconsejado más aún el traslado de la prueba a Ribafrecha. Los que estuvisteis por allí podréis recordar el fohen de norte que podía verse hasta la sierra de Cantabria, y que no alcanzó la ladera de Zenzano. También pudisteis comprobar que los días fueron demasiado estables, con techos bastante rácanos para la zona y que no alcanzaron el punto máximo hasta las seis de la tarde o incluso más tarde, con un régimen de brisas ya perfectamente establecido. También podréis recordar el "agujero negro" en el que se convirtió el valle de la segunda baliza del domingo, del que solamente Igone llegó a escapar. Perder altura fue sinónimo de cagarla durante todo el fin de semana.

Aunque la decisión de mover la prueba a Ribafrecha fue la correcta, pido disculpas a todo el mundo por no haber prestado un poco más de atención a los mapas de isobaras o no haber utilizado mapas más detallados. Pero al mismo tiempo quiero recordar que las previsiones no son más que eso, previsiones, y a veces fallan. En Arangoiti, parece que el sábado no entró el norte y las alas se dieron unos vuelazos de cortar. Visto el norte que andaba en Pamplona y en Campezo, parece milagroso que esto haya sido así, pero a veces pasa. En cuanto a esto solamente tengo que decir que espero que las predicciones nos sirvan para tomar la decisión de ir a los sitios en los que más probabilidades de volar haya, de forma que a la larga volemos más. Pero no vamos a acertar siempre.

Y aquí va la crónica de los vuelos.

Hubo 44 inscritos en la prueba, aunque hubo algún volador más que no se apuntó y voló por libre.

El sábado el viento estaba muy flojo, y aunque a lo lejos se veía el fohen del nortazo, no había previsión de que éste pudiera entrar a Zenzano, al menos hasta muy tarde. En esas condiciones se optó por una prueba de distancia libre "hacia el este", para no dificultar en exceso las recogidas.

Desde el principio se vio que los techos no iban a ser como para echar cohetes, y personalmente pensaba que ese día el valle debía de ser un sumidero dispuesto a abducir a todo el que se aventurase por él. Con este panorama, muchos pilotos optaron por no tomarse prisas en despegar, mientras que Miguel de Bera, el más tempranero en despegar, nos deleitaba a todos con su particular exhibición de acrobacia.

Una vez todos en el aire, vimos que la cosa no daba para más. Un despiste o no encontrar la térmica que habías ido a buscar te podía costar tranquilamente la pinchada y unos buenos sufrimientos para recuperar la altura del despegue. La mayoría de los pilotos nos marchamos en busca de lo desconocido con no más de 200 o 300 metros de altura sobre el despegue. Convencido de que la sierra tenía que funcionar más que el llano, yo me eché lo más atrás que pude, apuntando directamente hacia Jubera, pasando por encima de la meseta que hay sobre Ventas Blancas, y que tiene unas antenas.

Por allí ya empezó la debacle, y algunos pilotos que iban por el llano y otros que iban por la sierra terminaron por pinchar. Sobre esta meseta, estuve girando una térmica bastante floja con Iñigo Redín, que se marchó hacia delante antes que yo. Yo, que soy un cobarde, tenía más miedo a pinchar que otra cosa, así que estuve girando un poco más antes de echarme a Jubera.

Y Jubera sí que me da yu-yu. Pese a ser un sitio lleno de laderas soleadas, sotaventos, mogotes de piedra (¡el mismo cerro del Castillo parece fantástico!) en los que buscar térmicas, la única vez que había volado allí antes me fui irremediablemente al suelo después de peregrinar por todos esos lugares. Y estando el día tan flojo como está… ¡Brrrr! Me da pánico abandonar la meseta. El vario se queda en un cero y me agarro a él como a un clavo ardiendo. +0,5, -0,5. Mantengo la altura y voy derivando un poco hacia el este. ¡Huy, qué mal rollito! Aguanto un buen rato por allí, mientras Iñigo Redín se va sin mucha altura en busca de Mikel, Atxega, Andoni Ruiz de Azua y Félix Azagra, que van por delante. Bastante más bajos que yo llegan Román y Larri. Por detrás viene Iván Colás.

Voy derivando el cero hacia los puntos en los que parece convertirse en una ascendencia. Después de 500 vueltas consigo centrar un +2, que me permite subir hasta 1.200 sobre Jubera. ¡Buf! ¡Qué flojera! Me lanzo hacia la ladera arbolada en la que están los molinos de viento. Encuentro un poco de viento en contra, así que acelero, pese a llevar los trims sueltos. En las estribaciones de la sierra busco y busco hasta que encuentro otro cero, al que me agarro como a otro clavo ardiendo. Larri y Román han pinchado. Iñigo ha desaparecido de mi vista bajísimo (también ha debido de pinchar) e Iván llega con altura de aterrizaje.

Al igual que antes, tengo que dar 5.000 giros hasta que consigo centrar un +1, que a ratos es un +2. Sube muy tumbado por la ladera y me lleva por detrás de los molinos, hasta el cordal más alto de la sierra. Desde allí tengo a tiro de planeo al grupo de cabeza, que está girando más bajo que yo al final de la sierra. Más allá está la nada. El llano de Arnedo, que a la flojedad del día añade su proverbial condición de agujero miserable. De ahí no pasamos ni de coña. El vuelo se acaba de forma irremisible. ¿O no? ¡Ehm! En realidad, al otro lado de la sierra, cruzando sobre Arnedillo está todo el cordal que sigue hacia Peña Isasa. Está a un planeo, y eso me permitiría salvar el agujero de Arnedo. El único inconveniente es que hay que saltar al sotavento de la sierra, al agujero inmundo de Arnedillo, y no tengo casi altura. ¡Bah! Desde luego, este sotavento tiene mejor aspecto que el del Telera. ¡Vamos, que mucho mejor! Aunque no te creas, los molinos están girando con un garbo que… ¡Qué cojones! ¡Hemos venido a jugar! Me dejo derivar por la térmica hasta le sotavento, y cuando me suelta enfilo directamente al otro lado, con muy poca altura sobre la cresta. Comienza la cuenta atrás: 10, 9, 8… No llego al 7 y el primer plegadón me dice que no lo voy a pasar muy bien. ¡Mierda! Calo un poquillo los trims, por si aca.

A partir de ahí, el sotavento me trata fatal. Peor de lo que cabía esperar en un día como este. Muchos rotores, grandes y prolongadas descendencias y unos meneos de no te menees, valga la rebuznancia. Llego sobre el río totalmente maltrecho, con muy poca altura. Pese a ello lo intento, y me voy a la ladera del otro lado en busca de mi salvación. El vario pita ¡hoy la voy a liar!, pero el valle es muy estrecho, se junta el norte del sotavento con la brisa que viene del oeste y con la altura que llevo aquello es un infierno. Estoy un buen rato bregando y cobrando hasta que en una racha especialmente intensa del norte termina por llevarme hasta el suelo. ¡Mierda, por qué poco! He perdido la apuesta.

Mikel, Atxega y Andoni aterrizan en Bergasa, a pocos kilómetros de Arnedo. Yo he hecho tres kilómetros menos que ellos, pero he tenido una buena oportunidad.

Bastante más tarde, aparecerá Oscar el argentino, que ha abandonado la ladera de Zenzano en último lugar, y aprovechando los mejores techos a esa hora llegará hasta Arnedo, ganando la manga.

Por la noche, la consabida parrillada en la finca de Robert. Ya sabéis de qué va la historia: chorizos, costilla, careta y vino a raudales. Acampada libre en la misma finca y una juerga de narices.

 Íñigo Arizaga

Echo 23 Junio 2001. Arizaga, Redín & Txutxo

Escrito el 23rd junio 2001 por AlasDeLeyre en Cronicas, LIGA NORTE

 

Comentarios 5ª manga Liga Norte

1ª parte, Echo-Peña Telera, por Iñigo Arizaga

2ª parte, Peña Telera-Taüll, por Íñigo Redín

La confesión de Txutxo

 

De Echo a Peña Telera.  Iñigo Arizaga

El sábado amanece lloviznando en Eibar, cosa que no me preocupa demasiado, porque deben de ser los efectos del frente anunciado, y que pienso que no alcanzará el Pirineo. Ya en Echo, se ven algunos cúmulos tempraneros que a más de uno le hacen pensar que no vamos a volar. Yo sigo manteniendo la fe en la rappelada: no es más que mierda que se está deshaciendo.

Efectivamente, para cuando entre lamentos alcanzamos la cima del Ramirez el cielo está totalmente despejado. Pero es la una y media del mediodía, y ya debería haber cúmulos. Aunque no se ve a los buitres obtener grandes triunfos, estoy convencido de que el día dista mucho de estar estable. Pienso que el techo debe de estar muy alto, pero ni de lejos hubiera esperado los 4.500 m. que alcanzó Iñigo Redín.

Las dudas se disipan en cuanto despegamos. Todo está lleno de pepinos, pero lo que más llama mi atención es ver la preciosa cubierta de cúmulos que se cierne bien por encima de las cimas más altas de Pirineos, y que no se alcanzaba a ver desde el despegue. Se gana altura muy fácil, aunque también se cobra bastante. Es algo que no me preocupa demasiado mientras haya altura, y hoy la hay. ¡Banzai! Tomo en un suspiro 2.700 (la altitud del Bisaurin) y ni siquiera apuro la térmica hasta el final. Suelto los trimmers, y con altura de sobra me echo hacia La Cuta. Avanzo a 55-60 por hora de media: como estaba previsto, hace viento del oeste. El día se presenta interesante.

Sobre la cima de La Cuta, otro pepino me catapulta a 3.200, derivándome directamente hacia la cima del Bisaurin. No me dejo. Tampoco apuro esta térmica y me largo directamente hacia el Aspe, enchufado. Por detrás, veo que Iñigo Redín e Iván también se van escapando del despegue, aunque se entretienen en tomar más altura que yo en las térmicas.

Giro muy pocas cosas, porque no hace falta más para sobrevolar todo el macizo del Aspe, y las fotos salen más guapas desde aquí. Afortunadamente, Zarbo me ha dejado una cámara de fotos (gracias Zarbo, las fotos son a medias). Las condiciones siguen estando bastante violentas, así que cada foto me viene a costar una o dos plegadas de promedio. Me da igual. Estoy emocionado. La vista es espectacular. Tengo ganas de gritar cualquier cosa y voy cantando.

Detrás de Blancas hay bastante viento. Demasiado, en realidad. No me fío mucho, así que decido esperar un poquillo a que llegue alguien para intentarlo entre varios. Veo que no mucha gente sale de Lizara, y espero hasta que llegan Iñigo Redín y un amigo de Bati, que vuela con una Advance. Tanto esperar para cagarla. Los dos trincan antes que yo y se largan para Collarada, dejándome a mí girando unas térmicas guarrísimas y tumbadas por debajo del despegue de Blancas. ¡Vaya mierda! Aquí no voy a hacer carrera, así que me abro hacia el valle, hasta el último mogote que hay sobre el cordal que baja desde Blancas al valle de Villanúa. Tengo muy poca altura, pero lo último que pienso es en pinchar. Finalmente encuentro una térmica fenomenal, que me da mucha altura mientras me deriva por mitad del valle hacia el Collarada.

Lo del otro lado lo tengo más claro. Más adelante de una ladera rocosa hay un gran pinar con una preciosa calva en medio, desde luego, hecha pensando en los parapentistas. Las dos veces que he volado aquí anteriormente, la térmica que desprende esta campa me ha permitido pasar el collado hacia el valle de Acumuer. Así que paso por encima de mis dos colegas de vuelo y sigo sin pararme. Como hace mucho viento del oeste, pienso que tendré que pasarme de largo bastante para poder encontrar la ascendencia de la campa. Cuando ya pienso que esta vez me voy a quedar tirado, entro en el cebollón. ¡Pues sí que debe de hacer viento para que la térmica esté tan tumbada! Pero está buenísima. Sube muy plácida para como está el día. Lo que son las cosas, las otras veces ésta era la térmica más guarra del trayecto y hoy es la más dulce.

Al rato llega Iñigo Redín y giramos los dos en la misma térmica, hasta que Iñigo se larga hacia el valle de Acumuer sin apurarla hasta el final. A mí el tal valle me da un poco de yu-yu, así que me quedo a coger un poco más de altura, y al rato también me largo. El de la Advance se abre mucho hacia el valle, y se va por las crestas herbosas que bajan hacia Biescas, pero yo sigo viendo claro que el meollo está debajo de todos los cúmulos que hay sobre las cimas más altas de los Pirineos. Por la zona de Fiscal se está haciendo una buena tormenta, con un yunque de los de libro (creo que aparecerá en las fotos, si es que salen bien), aunque finalmente la falta de embolsamientos de aire frío en altura se hará valer y la tormenta se deshará sin descargar.

Vuelo más feliz que unas pascuas por encima del Telera y las cumbres aledañas, que están llenas de gente. Les saludo, les hago fotos y abro las plegadas, por ese orden. Mientras tanto, Iñigo se ha puesto altísimo, y pienso que debe de estar a unos 4.000 metros. Llega Txutxo, y le grito alguna barbaridad relacionada con La Legión. Giramos sobre una cima y Txutxo se va hacia el extremo del macizo, sobre el congosto que da paso a Sierra Tendenera. Yo tomo más altura para asegurar la transición sin problemas y me voy también al extremo del macizo. Allí hay viento, y pese a que estoy muy por encima de la cresta, cuando la térmica sacude fuerte llego a volar hacia atrás. Miro el sotavento, que tiene un aspecto fiero, y pienso que tiene que ser un auténtico marrón verse arrastrado a él, así que me abro un poco hacia el sur. Tengo suerte: allí el viento está menos acelerado y trinco un pepino de +5 que promete llevarme a la base del cúmulo. Ya estoy a unos 3.300 m, con más altura que Peña Tendenera al otro lado, pero decido quedarme a tomar un poco más.

En uno de los giros veo a Txutxo, que debe de estar uno 500 m. por debajo de mí, con una pequeña autorrotación debido a una plegada asimétrica. No parece grave y no le doy ninguna importancia, pero cuando salgo del siguiente giro veo que está en una barrena plana perfecta, igualita a las que hace Raúl Rodríguez. Pero la diferencia es que Raúl Rodríguez controla perfectamente la maniobra, mientras que el resto de los mortales con esa maniobra nos entwistamos hasta la nuez.

Ahora sí me preocupo. Apuro el siguiente giro para no perderme ni un detalle. Cuando salgo de él, el lado en negativo se ha plegado y está con una gran corbata. Esto lanza a Txutxo a una barrena salvaje, de las que no hace ni Raúl. Pienso: ¡Mete la vela en pérdida, Txutxo! ¡Mete una pérdida! Da dos vueltas más. El giro se acelera aún más: eso ya es un paracas. ¡Echalo, tío! ¡Echa el paracas de una puta vez! Tres, cuatro, cinco vueltas: angustiado, me doy cuenta de que Txutxo ya no va a echar el paracas. El corazón se me encoge. Pienso que la fuerza centrífuga ha debido dejarle sin sentido, aunque luego me dirá que simplemente ¡no encontraba el asa del emergencia!

Con total sensación de impotencia veo como Txutxo sigue dando un número interminable de vueltas, mientras con la vista busco algún sitio en donde pueda aterrizar para ayudarle. Veo una meseta rocosa que desde esa altura se ve bastante plana, aunque tendré que inventar algo para aterrizar con ese viento.

Pero Txutxo sigue cayendo. Absolutamente desolado, veo cómo el viento lo arrastra al sotavento del Telera, sin que pare de girar. ¿Qué hago? Ir a Biescas desde allí no es una buena idea. Seguramente no llegaría. Además, tengo que ver exactamente dónde cae Txutxo para poder comunicar el punto preciso al grupo de rescate. No hay más huevos. Hago de tripas corazón, calo los trimmers hasta las dos terceras partes, me encomiendo a Santa Rita, doy media vuelta y enfilo el sotavento. Txutxo aún sigue girando al otro lado y cuando se estrella contra la pared yo todavía estoy subiendo. La vela se detiene en mitad del barranco, después de arrastrarse un rato. ¡Joder! Tomo referencias visibles: la cresta sobre el canal, y un nevero característico justo debajo del parapente, que se ha detenido a 2.200 m. de altura. Ha entrado girando de tal forma y ha golpeado en tal lugar que, aunque cueste decirlo, no me queda la menor duda (ni la más mínima) de que Txutxo se ha matado.

Como era de esperar, la ascendencia me suelta: Iñigo Arizaga, ¡aaa jugar! No voy a perder el tiempo describiendo el sotavento, porque carece de interés en esta historia. Simplemente diré que por fin encontré sentido a las palabras de Iñigo (el insumiso de Oñate), que después de verse arrastrado al sotavento de Udalaitz un día de viento fuerte me contaba ¡Joé, tío! ¡Es igual que el puenting!

Confieso que no tengo huevos de aterrizar en el pueblo que está más cerca de la pared, así que sigo hasta el siguiente. Un poco antes encuentro una descendencia de -7/-8 más que aceptable para el historial que llevo, así que me quedo dentro hasta que consigo aterrizar en Tramacastilla, peleando con la fuerte brisa que entra por el congosto. Dejo todos los trastos en el suelo y corro hasta el bar del pueblo, desde donde llamo a la Guarda Civil de Biescas, y les doy la referencia exacta del lugar donde ha caído Txutxo. También les doy el número de mi móvil para que me llamen en caso de que necesiten más detalles o si quieren que les acompañe en el helicóptero.

A los diez minutos recibo una llamada del grupo de rescate de montaña para pedirme más datos. Me dicen que "Jesús" ha llamado desde su propio móvil para dar parte del accidente que ha sufrido. No me lo puedo creer: ¡está vivo! Creo que no soy un tipo de lágrima fácil, pero confieso que en ese momento me saltaron unas bien gordas. Estoy dando brincos en mitad del bar con el móvil pegado a la oreja. Me calmo un poco y le llamo de inmediato a Txutxo. ¡Y me coge el teléfono! Procuro tranquilizarle y le digo que todo está en marcha y que no se preocupe. Le pregunto qué tal está y me dice que todo lleno de golpes, que a lo mejor tiene algún hueso roto, pero que en general está bien. ¡No me lo puedo creer!

El helicóptero está en otro rescate y tarda unas dos horas y media en llegar. Mientras tanto, llamo de vez en cuando a Txutxo para darle ánimos (sin abusar para no agotar las baterías) y también le aviso a Paco, para que vigile un poco que todo el rescate vaya bien. De vez en cuando les doy la paliza al cuartel de Biescas. ¡No puedo estar tanto tiempo sin hacer nada!

Cuando por fin llega el helicóptero, no tardan ni cinco minutos en sacar a Txutxo de la pared, y lo llevan a Panticosa. En ese mismo momento llega Paco en coche y nos vamos a recoger a Txutxo. Y allí nos lo encontramos, enterito, un poquillo ido pero sonriente, con el casco reventado entre las manos y lamentándose de forma sonora cada vez que intento abrazarlo un poquillo o darle unas palmaditas. Txutxo me llama cariñosamente el Legionario desde que eché el paracas en Castejón. ¡Tú si que eres legionario Txutxo! ¡Te echas por los precipicios y ni siquiera te molestas en abrir el paracas!.

Desde allí vuelta a Echo por Jaca. Por el camino nos enteramos que Iñigo Redín se ha ido ¡hasta el valle de Boí, nada menos! ¡Es increíble! 135 Km con techos de 4.500, la distancia mayor que se ha hecho sobre el eje central de los Pirineos. Esa es otra historia, en la que me hubiera gustado tener la oportunidad de participar.

Me tocará hacerle la recogida desde Castejón de Sos. A las cuatro de la madrugada, 12 horas más tarde de aterrizar en Tramacastilla para dar parte del accidente de Txutxo, tiendo el saco junto al despegue de Planatelún y me desplomo. He tenido tardes mejores. Pero predomina la alegría del vuelo conseguido por Iñigo Redín, y sobre todo, el milagro de tener a Txutxo entre nosotros.

 

De Peña Telera a Taüll Por Iñigo Redín

Bueno, ahora me toca a mí.

La primera parte ya queda muy bien comentada por Arizaga, por lo que yo seguiré en donde él lo ha dejado, o sea, en Peña Telera.

Yo, en Telera conseguí un techo bien majo, 3800 metros, que me fue más que suficiente para pasarme a Sierra Tendenera sin ningún apuro.
Bueno, ya estaba en Tendenera, hasta aquí ya conocía las zonas del vuelo, y ahora, ¿qué?
Pues estaba claro, lo primero, trincar, después pensar.
Enseguida trinqué un pepinazo (creo que era un +6) que me puso a 4350 metros de altura. La leche, vaya alturón. Desde luego, cierta seguridad sí que me daba.
Ahora habrá que ir a Ordesa, y Monte Perdido, tierras sin ley (bueno, creo que sí hay una que prohibe volar por ahí, pero me parece que sólo prohibe despegar, ¿o no?).
Llegué a las inmediaciones de la Sierra de las Cutas con una altura que me daba bastante margen para equivocarme, unos 2.600 metros.

Aquí tocaba tomar una decisión, ¿por qué lado de Ordesa me voy?, al sur, por el Barranco de Ordesa, al sur de Monte Perdido, ¿quizás más al sur?. Yo esta zona no la conocía, ni tenía ni idea de dónde hay carreteras.
Tomé la decisión de pegarme a la cara sur de las paredes del Barranco de Ordesa. Enseguida empecé a trincar. Otro pepinazo, hasta la nube, a 4.400 metros. Esta nube era un lujo, yo iba con ella, en sus barbas, ¿o es ella la que va conmigo?. El caso es que durante unos minutos, no perdía altura, incluso la ganaba a veces, llendo con la nube, casi viento en cola.
A mi izquierda, debajo, el Monte Perdido, todo bien nevado. Debajo de mí, los barrancos de Añisclo.

Y fui directo a la siguiente zona que me resultaba conocida, aunque fuese por puro dominguerismo, pero conocida al fin y al cabo. Al valle de Pineta.
Vaya gritos pegué. Ya tenía una carretera debajo, había atravesado lo que me resultaba más peliagudo en todo el vuelo, y llegaba a tierras conocidas. Estaba exultante.
Me crucé todo el valle de Pineta en escasos 15 minutos, a unos 55 km/h de media en este planeo.
Fue increíble. En algún momento llegué a parecerme a Piqué con tanto meneo de cabeza a un lado y otro, admirando el paisaje.
La de veces que me he dicho, estando en el valle de Pineta, en el Parador nacional: "¿algún día pasaremos por ahí arriba?". Pues mira por dónde.
Bueno, hasta aquí ya tenía gran parte del vuelo hecha.

Había llegado a Bielsa. Llevaba ya unos 80 km. Pero habíamos quedado que el mínimo para la competición era llegar a Castejón de Sos, ¿no?, pues a ello.
Bueno, en Bielsa se veía muy bien el Cotiella, y a su izquierda y el collado de Sahún, mi siguiente meta.
Nada más pasar Bielsa, me pegué a las paredes que hay al norte del pueblo, la Punta Suelza, que tiene 2900 metros. Enseguida comencé a trincar algo, hasta 3.200. Yo, que soy muy listillo, y ya me había acostumbrado a los +6 y +7, ví que justo delante, si iba contra el viento, se estaba haciendo una hermosa nube, en la quinta puñeta (el techo). Y tuve la estupenda idea de ir a por ella, dejando el cómodo +2 en el que estaba.. Por supuesto, fue una cagada. Iba a por la nube, estaba debajo, y nada, que no subía. No esperé mucho para mandarla a freir espárragos, y volví hacia atrás, viento en cola, a por mi fabuloso y suculento +2. Por supuesto, éste ya no estaba.
Aquí tenía dos opciones, o pegarme más a las montañas, a ver si salía algo, o seguir hacia el fondo del valle, en dirección a Plan y Gistain. Tomé la 2ª opción.
Resulta que de Bielsa sale un valle, al este, que llega hasta unos 2000 metros. Arriba es casi llano, y todo muy verde. Pues justo ahí, a 2000 metros, es donde más cerca estuve de cagarla.
Se notaba más viento que en otros sitios, y eso tampoco es que me animase mucho.
Pensé: "mecagüen Sos, esto tiene que tirar por cojones", y de repente, apareción un cerito por ahí. Me agarré a él, casi girando con los ojos cerrados, supongo que para que nada me distrajera. En cada giro subía media vuelta y bajaba otra media, pero la que subía, con la deriva me compensaba.
Finalmente, con unos 2.500 metros, me tiré a las paredes que están sobre Plan, al Noreste, más concretamente.

En esas paredes, cogí una térmica que me llevó directamente a los ibones de Posets, aunque derivaba demasuiado al norte para mis propósitos. En cuanto tuve altura (3.000) me tiré a las crestas más próximas al collado de Sahún, justo al oeste del Box.
Ahí, mientras estaba rascando en lo alto del monte, un buitre me llamó y me dijo que saliese 100 metros de las crestas, que ahí me esperaba un +5 hasta la nube, a 4000 y pico. Y, jodé, si te lo ponen así, pues vas, ¿no?, y fui.
Nada,. Crucé el tan terrible collado derivando ese pepino, hasta la nube. Respiré hondo, 4 gritos más, y a seguir, que desde aquí ya me lo conozco todo.
Claro, llegué al despegue de Piedras Blancas con unos 2.700 metros. ¿Y qué voy a hacer?, ¿bajar?, ni de coña.

Ya llevo 107 km. Vaya pasada. Tánto reirnos con lo de llegar a Castejón, como mínimo, y va, y llego. Tiene "güebos" la cosa.

Vaya planeo me dí de Sahún hacia Piedras Blancas.
Tenía a vista (o sea, muy cerca, porque no tengo precisamente una vista de lince), Vilaller.
Y seguí planeando, cayendo a 0,5 m/s, con la "resti" del valle de Castejón. Aún giré algún unillo. Entonces recordé que en Bohí había concentración de parapente. Y Bohí está en el siguiente valle a Vilaller. Pues nada, habrá que llegar como sea, y darles en los morros a los catalanes.
Me pegué a las paredes encima de Vilaller, llegué bastante alto, a unos 2.000 metros, y trinqué otra térmica, que con la deriva me puso a 3.000, y sin miedo de sotaventos, para pasarme al siguiente valle.
Bueno, ya he llegado a donde quería, a enlazar 2 concentraciones de parapente.
– Pero, jodé, aquí no se ve ni un parapente, ¡qué raro!. 
– Para, para, que ahí abajo hay uno aterrizando. 
– ¿Pero dónde están los demás?. 
Otra vez me disloqué el cuello al estilo Piqué, pero no ví a nadie más volando.
– Bueno, pues nada, iré a aterrizar a Taüll, que igual tienen ahí la cena de la concentración.

No había manera de bajar. Cuando estaba con orejas, para ver si perdía algo de altura, otra térmica. No tuve más remedio que girarla, hasta 2500 y pico. Y pensé que de nuevo tendría que seguir el vuelo. Eran las 19:20. Enfilé hacia el sur, para ir hacia Sort, pero ahora avanzaba a 10 km/h. Por lo que dí el vuelo por terminado. 
Yo lo daba por terminado, pero se ve que el parapente quería seguir, porque ahí no había forma de bajar. Tuve que barrenar para perder altura.Y aterricé en Taüll, en una campa que hay frente a la iglesia de San Climent.
Esperaba que apareciese algún parapentista, pero nada…
Nada más aterrizar, lo primero que hice es llamar a Quim, que suponía que estaba en la concentración, pero…. LA CONCENTRACIÓN ERA LA SEMANA SIGUIENTE.
Una típica cagadica de las mías.

Después avisé a los de Echo, y me contaron la movida de Chucho, que ya habéis leído en la crónica de Iñigo. Esto me desanimó bastante, aunque enseguida hablé con él, y me tranquilicé.

Las cifras: Despegué a las 14:08 y aterricé a las 19:42.Fueron 5 horas y media de vuelo. La última media hora, perdida tontamente en esa zona sin hacer nada. En total 133 km, a una media de 24 km/h. El techo grabado en el gps, 4404 m. La altura mínima: 1467 m, la del aterrizaje.

El resto ya es historia, la recogida, llegar a Echo a eso de las 4 de la mañana, etc…

Por supuesto, agradeceré la afortunada intervención de Iñigo Arizaga, que ese día se convirtió en uno de los "rescatadores". Fue a por Chucho, vino a por mí, etc… Sölo 3 horas y media de coche, después de volver de la recogida de Chucho.
Fernando se vino a buscarme desde Castejón, para que Iñigo no tuviese tanto trozo, también se lo agradezco.


En cuanto a la competición, la cosa fue regular, ya que muchos pilotos pincharon en la zona del despegue, pocos pasaron más allá de Blancas, y encima, con lo del accidente, me quedé más solo que la una. Sino, seguro que los tres hubiésemos hecho el vuelo, y puede que hasta más.

Pues nada, por ahí tenéis el track para echarle un vistazo También están las previsiones que teníamos para ese día, y que Rappel Arizaga tan bien supo interpretar…

 

Carta de confesión Por Txutxo

 

¡Vale tíos!. No puedo soportarlo más. Nadie se cree que esté vivo después de lo descrito por el Legionario. Y por esa razón quiero confesaros que todo el vuelo estaba controladoHa sido un fraude. Lo reconozco. ¡ Jopeta ¡.

Todo empezó cuando alguien dijo lo de que la subida duraba unos 20 minutos. ¡Coño con la subidita!. Me costó 45 minutos de gran esfuerzo, sudor y una quemada por el sol, que me dejó la marca de la mochila en la espalda. Lo mío fue una tontería viendo el sufrimiento de otros a los que les pesaban las longanizas y el vinillo de muchas fiestas. Todavía me acuerdo de la singular sonrisa con la que subió Robert (el de Logroño) los últimos metros de ascensión. Pobrecico.

Después de esto pensé que el lunes no iba a estar en condiciones para dar el callo en el curro. Entonces me vino la gran idea: hago como que me la doy y me cojo la baja hasta San Fermín. De p…. Madre. A partir de aquí todo controlado.

Bueno. Pensé que si me la daba nada más despegar y arborizaba, nadie se creería lo de las contusiones. La recogida sería muy fácil y no podría darme un paseo en helicóptero. Y además fastidiaría la prueba. Con lo cual despegué y me dije que buscaría el lugar idóneo para el acontecimiento después de disfrutar de las condiciones del día y del lugar tan maravilloso que es.

El plan no resultaría si no tenía a alguien que me apoyara en mi versión. Me vino a la cabeza un nombre fácil de sobornar, el legionario ( llamo cariñosamente por ese nombre a Íñigo Arizaga). Quedamos en que me esperaría en el bar de Tramacastilla tomando gratis toda la cerveza que quisiera, porque ése era el pago por sus declaraciones. Por cierto, la próxima vez no bebas tanto porque luego exageras las cosas demasiado y la gente se asusta.

Arreglado el asuntillo legal, tenía pista libre para hacérmelo como quisiera.
Por fin, después de pasar Collarada y de haber volado tan "agusto", divisé el sitio perfecto. Una cornisa en Peña Telera y a sotavento, por lo de la cobertura del móvil claro. Panticosa estaba a tiro.

Cuando iba a bajar tranquilamente hacia la cornisa y aterrizar, me percibí de que había otro parapentista cerca. Con lo cual no podía ir a sotavento sin más ni más como hago normalmente. Así que saqué la calculadora y empecé a barrenar. Caía a -5 y me parecía una barbaridad para realizar mis cálculos y la rebajé a -4. Teniendo controlada la velocidad de caída, altitud y velocidad del viento, con respecto a la posición de la pared de Telera y altitud de su vértice, concreté que tenía que dar 58 vueltas para pasar a sotavento de Telera y desaparecer de la vista de ningún compañero de vuelos. A todo esto Íñig (llamo cariñosamente a Íñigo Redin) no se enteraba de nada porque el tío iba fuscao hacia Castejon de Sos o más.(¡ENORABUENA CAPULLO!).
Cuando ya perdí de vista a todos, me relajé y frené la frenética barrena a la que me había sometido para el engaño. Valla mareo estúpido de los cojo…. Todo controlado para aterrizar en apenas 10m cuadrados de cornisa. Sin ningún problema. Todo el mundo puede hacerlo ¡córcholis!.

Ya aterrizado, me quité el arnés y con parapente y todo lo tiré por un pequeño desfiladero (ya lo recogeré otro día, cuando esté de vacaciones). Mi plan entonces era contactar con la Guardia Civil, dar mi posición y rescate resuelto, como si nada.
Pero no acaba la historia. Tuve que golpearme con un palo para magullarme un poquito y fingir una caída. Cuando ya oía al helicóptero a lo lejos me di cuenta que el casco estaba intacto y que no se lo iban a creer. Pues bien. Cogí el casco y le pegué tal golpe contra una roca que se me fue de las manos y salió despedido barranco abajo. Tuve que bajar rápidamente a por él y volver a subir todo en cinco minutos. Entonces me di cuenta lo peligroso que es escalar. Por favor, no hagáis escalada, es muy peligroso y os podéis hacer mucho daño.¡De verdad!.
A todo esto, el legionario se estaba cogiendo una cogorza de mucho preocupar.
A mi plan le faltaba la puntilla, ser recogido finalmente por el helicóptero. Que gozada oye. Me dejaron pilotarlo y todo, desde el primer momento nos hicimos amigos y me dejó ir a rescatar a un montañero que también quería cogerse la baja. Fue por esa razón por la que tardé tanto en llegar a Panticosa.
Ya reunido con Arizaga (para que no se quede con el mote), me di cuenta que no estaba todo controlado. ¡CÓMO ME PUSIERON LOS PUTOS MOSQUITOS!.
Después de mi confesión, solo deciros que esto sólo puede hacerlo alguien cualificado como yo. Cualquiera no aterriza en un sotavento, y menos en 10 m cuadrados y nadie ha hecho una barrena tan larga como yo. Así pues no lo intentéis.
¡TODOS A TRABAJAR COJONES!
AAAAAGUR.